La calidad del aire interior no se entiende bien mirando un solo número. En casa conviene leer varios valores a la vez: CO2, partículas, humedad, temperatura y algunos contaminantes químicos, porque cada uno cuenta una parte distinta del problema. Aquí te explico qué rangos suelo considerar normales, cómo interpretar una lectura rara y qué cambios dan resultado de verdad cuando el aire o la humedad se desordenan.
Lo esencial para leer bien los valores de IAQ en casa
- CO2 alto suele avisar de ventilación insuficiente, no de toxicidad directa, pero sí de aire acumulado.
- PM2.5 y PM10 son los indicadores que más rápido se disparan por cocina, polvo fino, humo y entrada de contaminación exterior.
- Humedad relativa entre 40 % y 60 % suele ser el tramo más equilibrado para confort y control de moho.
- El agua importa en forma de vapor, condensación y filtraciones: si eso falla, el aire casi siempre empeora detrás.
- Radón, formaldehído y CO merecen atención si vives en bajo, semisótano, vivienda antigua o con combustión interior.
- Un buen monitor no es el que enseña más colores, sino el que mide bien lo que puedes corregir.
Qué mide de verdad un buen monitor de IAQ
Yo suelo empezar por una idea simple: un monitor no dice si el aire es “bueno” o “malo” por arte de magia, sino si la vivienda ventila, acumula partículas, retiene humedad o libera compuestos que no deberían quedarse dentro. El CO2 apunta a ventilación; las partículas finas señalan cocina, polvo, humo o entrada de contaminación; la humedad y la temperatura explican confort, condensación y moho; y los gases como TVOC, formaldehído, CO o radón completan el mapa.
La parte que más confunde a la gente es esta: un número alto no siempre significa peligro inmediato, pero casi siempre significa que algo en la casa necesita ajuste. Por eso yo no me quedo con una cifra aislada ni con una app llena de colores; prefiero mirar la tendencia de varias horas y relacionarla con lo que pasó en la vivienda: cocinar, ducharse, limpiar, dormir con puertas cerradas o abrir ventanas.
En una casa española esto importa mucho, porque el aire interior cambia bastante entre invierno y verano, y el agua entra en juego más de lo que parece: vapor al cocinar, condensación en ventanas, filtraciones, secado de ropa en casa o baños poco ventilados. Esa mezcla es la que termina empujando muchos problemas de calidad del aire.
Con esa base, ya se entienden mejor los rangos concretos que sí merecen atención.
Los rangos que yo usaría como referencia en una vivienda
Si tuviera que resumir la lectura de un hogar en una sola tabla, usaría esta como referencia práctica. No la leo como diagnóstico médico, sino como un mapa útil para decidir cuándo ventilar, cuándo revisar una fuente concreta y cuándo pedir ayuda técnica.
| Parámetro | Rango cómodo en vivienda | Señal de alerta | Qué suele indicar |
|---|---|---|---|
| CO2 | 400-800 ppm | Más de 1000 ppm | Ventilación justa o insuficiente |
| PM2.5 | Menos de 10-15 µg/m³ | Repetido por encima de 15 µg/m³ | Cocina, humo, polvo fino o tráfico |
| PM10 | Menos de 20-30 µg/m³ | Por encima de 45 µg/m³ | Polvo grueso y entrada de aire exterior |
| Humedad relativa | 40-60 % | Menos de 30 % o más de 60-65 % | Aire seco o riesgo de condensación y moho |
| Temperatura | 18-24 °C | Fuera de ese tramo de forma sostenida | Disconfort y mayor sensación de aire cargado |
| TVOC | Menos de 0,3 mg/m³ | Entre 0,3 y 0,5 mg/m³ o más | Emisiones de pinturas, muebles, limpiezas o disolventes |
| Formaldehído | Menos de 0,1 mg/m³ | En torno a 0,1 mg/m³ o más | Materiales nuevos, adhesivos, tableros o barnices |
| CO | 0-9 ppm | Más de 9-10 ppm | Combustión, calderas o cocinas mal ajustadas |
| Radón | Cuanto más bajo, mejor | Por encima de 300 Bq/m³ | Acumulación desde el terreno, sobre todo en bajos y sótanos |
En PM2.5 me quedo con la guía de 24 horas de la OMS, que sitúa el objetivo en 15 µg/m³; en radón, el CSN marca 300 Bq/m³ como nivel de referencia para actuar en España. Si un monitor te da cifras muy distintas según la habitación, el problema suele estar más en la ventilación y la humedad que en el aparato.
Lo siguiente es aprender a leer esas cifras con contexto, porque no todos los picos significan lo mismo.
Cómo leer los números sin confundir un pico con un problema real
Un error muy común es reaccionar a cualquier salto como si fuera una emergencia. No hace falta. Yo separo siempre las lecturas puntuales de los patrones que se repiten, porque una vivienda no vive en una línea recta: respira con los horarios, la cocina, la ducha, la limpieza y el número de personas dentro.
- CO2 alto por la noche suele apuntar a un dormitorio con puertas cerradas y poco recambio de aire.
- PM2.5 alto justo al cocinar puede ser normal en una fritura, pero si tarda horas en bajar, la extracción es insuficiente.
- Humedad alta tras la ducha no es rara; lo problemático es que se quede alta y aparezca condensación habitual en cristales o esquinas.
- TVOC que sube al limpiar suele venir de sprays, lejías perfumadas o ambientadores; no significa automáticamente que haya un material tóxico permanente.
- Radón no se interpreta bien con una lectura aislada de una tarde; necesita medición prolongada para tener sentido.
También importa dónde colocas el sensor. Si está al lado de una ventana, una campana, un radiador, un humidificador o una fuente de calor, te dará valores sesgados. Yo prefiero una zona estable, a la altura de la respiración y lejos de corrientes directas, para que la lectura se parezca a lo que realmente respira la casa.
Cuando sabes distinguir un episodio puntual de un patrón, ya puedes pasar a la parte útil: corregir el problema sin perder tiempo ni dinero.
Qué hacer cuando un valor sale mal
La mayoría de las veces no hace falta comprar aparatos caros al primer susto. Primero hay que corregir la causa, y solo después pensar en afinar el sistema. Si yo tuviera que ordenar las acciones por eficacia real, lo haría así:
- Ventila de forma corta e intensa. Abre en cruz durante 5-10 minutos si el exterior acompaña. En dormitorios y salones suele ser la medida más rápida para bajar CO2 y renovar aire.
- Localiza la fuente. Si la subida viene de cocinar, usa la campana; si viene de duchas o secado de ropa, el problema es humedad; si viene de limpieza, revisa productos y hábitos.
- Corrige el agua antes de maquillar el aire. Una fuga, una pared fría con condensación o un baño sin extracción no se arreglan con ambientadores ni con un purificador.
- Filtra partículas cuando tenga sentido. Un purificador con filtro HEPA ayuda bastante en PM2.5, polvo y polen, sobre todo en dormitorios o salones con ventanas a calle.
- Repite la medición. Observa si el problema baja en 30 minutos, en 2 horas o nunca. Esa diferencia te dice si era un pico o una mala ventilación crónica.
Hay tres casos en los que yo no dejaría pasar el asunto: CO recurrente, humedad persistente con moho visible y radón por encima del nivel de referencia. Ahí ya no basta con “airear un poco más”; toca revisar instalación, cerramientos, extracción o una solución técnica más seria.
Pero el resultado cambia mucho según el tipo de vivienda y la zona en la que vivas.
Lo que cambia en España según la vivienda y la zona
En España la lectura de IAQ no es igual en un piso del interior peninsular que en una vivienda de costa, ni en una obra nueva hermética que en un edificio antiguo con filtraciones. En invierno, la calefacción y las ventanas cerradas hacen que el CO2 suba más deprisa y que el aire se reseque; en verano, el aire acondicionado puede dejar la humedad a raya o, si funciona mal, crear sensación de bochorno y condensación localizada.
En zonas costeras, la humedad exterior ya viene alta y eso se nota dentro, sobre todo si secas ropa en casa o si el baño no evacua bien. En cambio, en muchas zonas del interior el problema contrario es más frecuente: aire seco, mucosas irritadas y una sensación de polvo flotando incluso cuando limpias a menudo.
También cambia mucho la planta de la vivienda. Bajos, semisótanos y casas apoyadas sobre terreno merecen más atención por el radón y por la humedad ascendente. El CSN sitúa 300 Bq/m³ como nivel de referencia para actuar, así que si vives en una planta baja o en una zona con potencial alto, medir no es un capricho; es una decisión razonable.
Si además usas cocina de gas, caldera o chimenea, yo vigilaría de cerca CO y ventilación, porque la combustión cambia por completo la calidad del aire cuando el mantenimiento no está fino. Y si la vivienda es muy hermética tras una reforma, no des por hecho que “cerrar bien” significa respirar mejor: a veces significa justo lo contrario.
Con eso en mente, elegir bien el monitor deja de ser un capricho técnico y se vuelve una decisión útil.
Qué sensor merece la pena y cuáles datos miro primero
Si tuviera que quedarme con pocas funciones, priorizaría estas cuatro: CO2, partículas, humedad y temperatura. Para CO2, mejor un sensor NDIR, que es la tecnología infrarroja no dispersiva; para partículas, conviene que mida PM2.5 y, si es posible, PM10; y para humedad y temperatura, que ofrezca una lectura estable y con histórico.
- CO2 con histórico: me interesa más ver cómo cambia durante la tarde y la noche que una cifra suelta.
- PM2.5 fiable: es la lectura que más ayuda a entender cocina, humo, polvo fino y ventilación exterior.
- Humedad y temperatura: sin estas dos, es fácil confundir confort con calidad real del aire.
- TVOC como alerta: sirve para detectar cambios, pero no para interpretar todo con precisión quirúrgica.
- Gráficas y avisos: si el aparato no guarda tendencias, pierde bastante utilidad.
Las lecturas de TVOC son especialmente traicioneras: pueden subir por perfumes, limpiadores o materiales nuevos y luego bajar sin que eso signifique que el problema está resuelto. Yo las trato como un semáforo, no como un diagnóstico. En cambio, el CO2 y la humedad suelen ser mucho más honestos para una vivienda porque cuentan una historia más estable.
Si me preguntas qué compraría primero para una casa normal, te diría que un equipo que mida bien CO2, partículas y humedad ya resuelve gran parte del trabajo. Todo lo demás suma, pero no sustituye eso.
El aire de casa mejora cuando controlas tres cosas a la vez
La regla más útil que he visto en viviendas reales es muy simple: quita la fuente, renueva el aire y corrige el agua. Si haces solo una de esas tres cosas, el avance suele ser parcial; si haces las tres, la casa cambia de verdad.
En la práctica, eso significa vigilar lo que generas dentro, ventilar con cabeza y no ignorar humedad, filtraciones ni condensación. El olor puede engañar, porque uno se acostumbra rápido; los sensores ayudan a ver lo que el cuerpo ya normalizó. Si una habitación repite CO2 alto, si el baño mantiene humedad elevada o si aparecen marcas de moho, el problema no es cosmético: la casa está pidiendo una corrección real.
Y ahí está la mejor noticia de todas: la mayoría de los cambios que mejoran la calidad del aire interior no son complicados. Suelen empezar por un hábito, seguir por una revisión sencilla y terminar, solo si hace falta, en una intervención técnica más seria. Cuando el aire y el agua se ordenan dentro de casa, el confort sube antes de lo que mucha gente espera.
